sábado, 22 de noviembre de 2014

Responsabilidad Social Empresarial: ¡Para principiantes… como yo! Parte 7

¿La RSE aplica también para el Estado?

Hace ya buen tiempo, tuve una conversación con un amigo y hablábamos sobre la RSE. Todo estaba muy bien hasta que, dentro de las ideas de aplicación de la RSE, afirmé que el ESTADO puede y DEBE tener algo de Responsabilidad Social. Definitivamente mi interlocutor, con su clásica forma de rebatirme, dijo que esto era imposible: “lo que el estado tiene son obligaciones de índole normativo, legal…”

Considero que “El estado” parte de la organización de la ciudadanía con base en un ordenamiento “consensuado”, legal, social, etc. (Esto, al menos en teoría). En el caso del ordenamiento legal, son las normas las que dirigen el actuar de cada ciudadano respecto del estado y de otros ciudadanos, de todos los ciudadanos.
Siendo así, es perfectamente posible que el estado tenga Responsabilidad Social por dos razones específicas: primero, el estado es quien da las normas de convivencia para todos los ciudadanos y para todas las organizaciones de ciudadanos (léase, por ejemplo, las empresas); y segundo, porque, actualmente, es parte indubitable del trio ESTADO – Sociedad – Empresa (el Estado también es una organización).

Me explico.
Amanecer en Quilcate. Pobladores junto a captación para agua potable.
Nov. 2015. Foto: Ronny Núñez

El estado, como dador de las normas de convivencia, se convertiría en el referente principal, básico respecto del cumplimiento de éstas frente a sus ciudadanos y/o empresas. Esto exigiría un aparato estatal dirigido a, simplemente, cumplir y hacer cumplir las normas. En materia de Responsabilidad Social, el estado sería el promotor de normas y de conductas que tienden a mejorar la calidad de vida de toda la población[1], desde todos sus órganos que lo conforman.

¡Que haga su trabajo![2] De hecho, todo se resume en esto. Y podría pensar que iría desde un ordenamiento de su cuerpo normativo en general, hasta la aplicación de este ordenamiento en todos los ámbitos de acción estatal (por ejemplo regular de manera idónea la burocracia, reglas más claras y acciones contundentes para combatir la pobreza, el desempleo, la corrupción, la discriminación y la desigualdad; para mejorar las relaciones laborales estatales y privadas; mejorar la calidad de vida de la población, mejorar el acceso a los servicios públicos; generar y lograr la inclusión social y un largo etc.). Aquí, la ética, la transparencia, son fundamentales.

Apenas salía de la universidad y me topé con una trilogía que es muy interesante si se refiere a la generación de “alianzas estratégicas para el desarrollo”: el ESTADO está en plena interacción con la sociedad y las empresas y esto hace que muchas iniciativas de desarrollo sean más dinámicas y efectivas al momento de aplicarse en una determinada realidad. Pero, tengamos en claro que esta interacción se da en una realidad que es cambiante, de forma permanente.

En el caso de la RS empresarial, ésta ha tenido diversos matices de aplicación (o de implementación) según la necesidad de la empresa para responder a una realidad que la exigía (aquí pienso en la necesidad de las empresas mineras para obtener las llamadas “licencias sociales”, sólo por poner un ejemplo). Pero, tengamos en cuenta, que la realidad social, hoy en día, exige que esta organización “trina” (Estado – Sociedad – Empresa) también tenga todos los medios necesarios para adecuarse a las diversas y complejas condiciones que emergen (vivimos en una sociedad interactiva, en la era del conocimiento; en una realidad en la cual las personas están mucho más informadas, mucho más conectadas y con la fuerza suficiente para transformar a su gusto las estructuras sociales tradicionales[3]).
Volviendo al tema de la RS, es un hecho que muchas de las acciones privadas que la caracterizan ingresan al área del estado. Muchas empresas, y se ve mucho en mi país y región, han logrado incluirse en la prestación de algunos servicios y funciones estatales (desde la ejecución de programas de desarrollo socio económico, hasta la construcción de infraestructura educativa, de salud, de comunicaciones, de ganadería, de agricultura, etc.)  y han complementado la labor estatal en estos campos, inclusive las empresas han llegado a dónde el estado no lo ha hecho.

Sin embargo, aún estamos, creo yo, en una etapa todavía germinal[4] de una RS estatal. Una RS que es totalmente necesaria ya que debe responder a una realidad que se nos ha venido encima tan rápido que nuestras vetustas estructuras estatales no han podido responder. Una realidad social que ha generado numerosos conflictos sociales, que genera todavía discriminación, exclusión, segregación social, etc.

¿Que la RSE se aplica para el estado? Definitivamente que si. Sólo hay que hacer que la “voluntariedad” de sus principios y su aplicación, sea conocida y promovida desde y para el estado mismo, como un todo integral.




[1] Perla Puterman afirma: “En materias fundamentales, también el gobierno tiene un doble rol, como ente rector y ejemplo de la sociedad, debe no solamente cumplir sino velar por el cumplimiento de los derechos humanos, prácticas laborales y temas medioambientales, debe responder a los requerimientos de sus partes interesadas y debe tener prácticas justas y debe dar fe de éstas a través de su rendición de cuentas y de la transparencia de sus procedimientos administrativos”. En:

[2] La norma ISO 26000 (primera edición 2010) establece de manera clara:
“3.4 El Estado y la responsabilidad social.
Esta Norma Internacional no puede reemplazar, transformar o modificar de ninguna forma el deber del Estado de actuar por el interés público... El Estado es el único con poder de crear y hacer cumplir las leyes, lo que le hace diferente a las organizaciones...
El funcionamiento adecuado del Estado es imprescindible para el desarrollo sostenible. El rol del Estado es esencial para garantizar la aplicación efectiva de las leyes y regulaciones, con el fin de fomentar una cultura de cumplimiento de la ley.
... Los gobiernos pueden apoyar de muchas maneras a las organizaciones en sus esfuerzos por operar de forma socialmente responsable, como por ejemplo, a través del reconocimiento y promoción de la responsabilidad social. Sin embargo, promover la responsabilidad social de las organizaciones no es, ni puede ser, un sustituto del ejercicio eficaz de los deberes y responsabilidades del Estado.(el subrayado es mío)
[3] Sobre esto, sugiero se revise el material de Juan Arroyo Laguna, quien expone de manera increíblemente precisa, las características de una realidad social a la cual el estado debe responder, desde un criterio de responsabilidad social. EL artículo se llama “Promover al Promotor: El Estado ante la Responsabilidad Social Empresarial” (CENTRUM Católica’s Working paper series N° 2012-09-2012)
[4] Revisar, también el documento de Juan Arroyo, sobre los tipos de estados ante la RSE. Considero que, respondemos a un estado altamente mediador y todavía algo promotor de la RSE.

lunes, 27 de octubre de 2014

Responsabilidad Social Empresarial: ¡Para principiantes… como yo! Parte 6

¡Trabajo para una empresa minera, pero no soy minero!

Definitivamente la identificación que alguien pueda tener hacia determinada circunstancia o acto de la vida (trabajo, familia, comunidad, nacionalidad, equipo de fútbol, de vóley; barrio, sector, serie de tv; libro, escritor, etc.) es consecuencia del ejercicio legítimo del derecho a la libertad y de la afinidad que uno logra desarrollar con éstas. Al final, uno elige. En nuestra democracia, con todos los errores que acarrea, ese derecho está garantizado.

Si tratamos sobre el trabajo, considero que el hecho de hacerlo bien y responsablemente es signo de identificación y compromiso con el mismo y con nuestros clientes o con la empresa que nos ha contratado. Los resultados que podamos lograr con “nuestro” trabajo es vital para ir generando esa afinidad por lo que hacemos (nos identificamos con lo que hacemos), por nuestros clientes o por las empresas que nos contratan; sin embargo, no siempre sucede esto.

Foto: Trabajadores rurales cercanos a un proyecto minero.
Catilluc 2014.
Hace poco conversaba con algunos de mis colegas sobre cómo se sienten en la empresa y si es que se identificaban con ella y con la labor que realizaban. Me sorprendió que todos ellos (la mayoría naturales de las localidades rurales cercanas) manifestaran que no tenían ningún tipo de afinidad con la empresa, que no se consideraban miembros de ella a pesar de que hacen unos trabajos de excelente calidad e incluso trabajan para ella desde hace varios años. ¿Qué está pasando?

Literalmente, la pregunta hecha fue si se consideraban “trabajadores mineros”.

No tengo la respuesta, pero sospecho que internamente no estamos generando los espacios suficientes para lograr “esa” afinidad por lo que se hace y por la empresa que nos acoge (que es preocupante) y se complementa con un “ambiente social externo” indiferente o incluso repulsivo hacia la actividad minera (igual de preocupante).

Es importante evaluar ambos frentes de trabajo de tal manera que, desde lo interno, podamos encontrar el respaldo que necesitamos para ir a lo externo e identificarnos con nuestro trabajo y con la empresa que es, en todos los casos, depositaria de nuestro mejor esfuerzo laboral y personal.

Pregunta: ¿Qué haríamos para lograr que nuestros colegas se identifiquen con el trabajo que realizan y con la empresa para la cual trabajan?


Agradecimiento especial:
Al Dr. Pedro Donaires Sánchez, por haber tenido la gentileza de revisar esta entrada antes de publicarla.
Al Dr. Armando Ludeña, por haber hecho aportes importantísimos a esta entrada.


lunes, 25 de agosto de 2014

Responsabilidad Social Empresarial: ¡Para principiantes… como yo! Parte 5

Empezamos la carrera electoral… ¿y esto qué tiene que ver con las empresas y su Responsabilidad Social?

Nuestra sociedad en su conjunto funciona como un ser viviente. Cada una de las partes que la conforman tiene una importante participación en ella y las empresas no se quedan de lado. De uno u otro modo, su actuar o sus omisiones afectan a la sociedad de la cual forman parte y aportan a su natural desarrollo (o evolución).

Todos sabemos que el Estado brinda las condiciones necesarias para que una sociedad pueda desarrollarse; dentro de estas condiciones tenemos a la normatividad legal, a la economía, a su defensa, etc. Si bien, para el caso empresarial las condiciones económicas son relativas al libre mercado, esto no es obstáculo para que participe y sea co-promotora del desarrollo de las poblaciones.

Taller para elaborar el Plan de
Desarrollo Concertado. Quilcate, Julio 2013.
Ahora bien, ¿esto qué tiene que ver con las elecciones que se vienen en nuestro país?  Mucho. En octubre de este año, elegiremos a nuestros alcaldes provinciales y distritales y a nuestro presidente regional y en muchos de estos lugares se cuentan con relaciones “autoridad local – empresas” particularmente complejas, y hasta complicadas (refiriéndonos al caso de los conflictos mineros, para ser más específicos).
Y este escenario obliga a las empresas a generar o cambiar sus estrategias de llegada a las autoridades y a las poblaciones con las que se relaciona. A generar estrategias que conlleven a colaborar en los procesos de desarrollo y, creo yo, a ser más visibles en cuanto a entes promotores de desarrollo y, sobre todo, en tanto y en cuanto, entes necesarios en la natural convivencia social.

Lamentablemente, muchas empresas se han visto envueltas en situaciones de corrupción de funcionarios y de autoridades públicas y esto, les ha generado una fuerte ola de críticas (un tsunami de críticas…) que parten desde una población que ahora ya desconfía de las acciones de “responsabilidad social” que se emprenden. Efecto, además, que se ha trasladado a las contiendas electorales.


Siendo así, considero que las políticas de Responsabilidad Social de la empresas que no han previsto el relacionamiento “voluntario”, claro y directo con el estado, con sus autoridades y funcionarios, con la población, advertirán prontamente un decaimiento en su posicionamiento (geográfico, económico, social, etc.) y con ello, tendremos más problemas y conflictos de los que hablar.


viernes, 23 de mayo de 2014

Responsabilidad Social Empresarial: ¡Para principiantes… como yo! Parte 4

Los Relacionistas Comunitarios que son abogados (comentando el debate)

Hace aproximadamente poco más de un mes, haciendo uso de mi cuenta en LinkedIn, lancé una simple pregunta en un grupo del que formo parte. La pregunta era: “… ¿Cuántos abogados nos hemos convertido en Relacionistas Comunitarios?”

Claro, esta pregunta surgió cuando alguien me saludó por el Día de los Abogados, en el Perú.
No me imaginé la cantidad de respuestas, ni menos sus contenidos. Así que voy a tratar de comentar algunos, no sin antes agradecer a cada uno de los amigos que se tomaron el tiempo de pensar, reflexionar y “responder” a esta breve y simple pregunta.

Nota previa: cabe indicar que a la fecha, nadie respondió la pregunta, es decir, nadie calculó, o se arriesgó a dar un número aproximado de abogados que se han (o que nos hemos) convertido en relacionistas comunitarios. Seguimos con la incertidumbre.

Empecemos:

Preocupante realidad: “…los abogados en esencia son litigantes …”
En realidad sí, es cierto. En la universidad nos forman para ser litigantes, toda nuestra formación gira en torno a un sistema judicial eminentemente conflictivo y adicto al litigio. Pero, como suelo decir, “abogado que no litiga, no es abogado, salvo prueba en contrario”[1]; y, es en esto último, en el cual basamos nuestra posterior formación para hacer del derecho, o de la profesión del derecho, una poderosa herramienta para el mejoramiento de las relaciones sociales en el país. Conste que he escrito, de las RELACIONES SOCIALES DEL PAÍS.

Luego de una reunión en
Pan de Azúcar - Catilluc
Sin embargo, a pesar de todo, “estamos cambiando la profesión”. La idea no es que seamos sólo abogados, sino que seamos LOS abogados que le estamos dando un nuevo dinamismo a la carrera, en un ámbito laboral que es común a todos los profesionales, pero que tiene un matiz diferente. No sólo estamos cambiando a la profesión, sino que le estamos dando un nuevo sentido: evitar conflictos, evitar litigios, y formar una cultura tolerante y basada en el diálogo; en hacer que en la solución de un problema social, o socio ambiental (como mejor quisieran llamarlo), no hayan perdedores.
Enrique Huarancca, sobre lo escrito, da en el clavo: “El abogado de ahora tienen una innovación en su actitud el derecho, son más conciliadores y negociadores”, y nuestro amigo Juan Andrés sube un nivel más y añade que los conocimientos adquiridos del Derecho, son “un valor agregado” a la labor del Relacionista Comunitario.

Cuestión de Ciudadanía. “Sin embargo, el desarrollo sostenible sólo es posible si se mantiene una relación sostenible… Estoy seguro que todos podemos hacer algo por el prójimo no como una obligación sino como una opción natural de un ciudadano responsable”

Previo estudio de suelos y de
necesidades,
aquí estamos haciendo entrega de
semillas para pastos.
Quilcate - Llapa.
Marco Balcázar, en una de sus intervenciones nos propone dos ideas muy importantes. El desarrollo sostenible viene siendo uno de nuestros principales mensajes hacia nuestras áreas de influencia. El tema es cuánto de nuestras acciones se dirigen justamente a participar de este desarrollo; el tema es saber si en realidad participamos de un proceso que ya se ha iniciado y cómo es que generamos los espacios y los lugares para insertarnos en él; y en este lado, puedo comprender, es que aparece el término ciudadanía.

Como dice Marco, parte de una opción natural por hacer algo que sea de beneficio al prójimo. Y esto tiene base en que vivimos en un mismo espacio, ya hemos empezado a formar parte de las relaciones sociales que se dan en las comunidades en las que operamos. Pero, lo más principal, estas comunidades tienen muchas expectativas, las que debemos conocerlas, todas, de tal manera que podamos ser prudentes en nuestro accionar y en la generación de mecanismos sociales para
que el deseo de compartir tenga un correlato con la responsabilidad que significa ser ciudadanos.

¡Es una cuestión de actitud!
De hecho. Todos, en cada uno de nuestros comentarios en el debate que se inició, hemos dicho que para ser un buen relacionista comunitario, debemos tener una actitud para hacerlo. Y los hemos dicho de manera directa y hasta indirecta, pero la idea está allí.

Añadiría un adjetivo, debemos tener una actitud “especial” ya que nuestro mundo en el que vivimos todos los días, es muy diferente al que nos hemos acostumbrado desde que hemos nacido (hablo específicamente por los citadinos que nos hemos vuelto campesinos, si es que este término cabe), o del mundo educativo en el que nos hemos formado.


De todo corazón, quiero agradecerles amigos por haber compartido sus comentarios y estoy seguro que seguiremos conversando sobre el tema; sobre todo, fortaleciendo nuestra principal “fortaleza”, el que seamos Relacionistas Comunitarios.



[1] Sarita Terán escribe: “No litigo, porque no me gusta”. Y me parece un motivo más que suficiente para aclarar que no todo abogado es un abogado litigante; y, Catherine Rodríguez va más allá y dice: “Hay un error de apreciación al sesgar al abogado como sólo litigante o "hacer juicios", esa es una parte de la profesión, quizá la que más se conoce, la del pleito. El abogado se prepara para mucho más que eso, es una profesión que requiere de un conocimiento mayor y requiere de habilidades de negociación, persuasión, administración, condiciones de liderazgo, etc., por tanto no todo estudiante o egresado de leyes será un verdadero abogado. Muchos se quedarán en el área del litigio o el pleito. Hoy en día (el abogado) es quien previene el conflicto, los avizora, reconoce contingencias, etc. conoce técnicas de negociación, etc. que por ello le permite desenvolverse en áreas como las Relaciones Comunitarias. Como cualquier profesional con vocación de servicio, con voluntad de vivir mejor, con conocimiento de la realidad e informado” (sic)




domingo, 4 de mayo de 2014

Responsabilidad Social Empresarial: ¡Para principiantes… como yo!  Parte 3

Dimensión Interna de la RSE.

Esta dimensión interna, trata especialmente a la mismísima empresa en si como objeto y sujeto de las normas que regulan la RSE. Desde el ambiente de trabajo, pasando por las relaciones laborales y las obligaciones legales que las regulan, hasta el cuidado de la seguridad y la salud de cada uno de los trabajadores. Esto, sin embargo, requiere de una fuerte dosis de voluntad y sobre todo, de querer hacer las cosas bien.
Muchos amigos indican que esto no va a suceder nunca en el país; y de hecho, no hay muestras que nos puedan considerar que esto definitivamente suceda, pero parte mucho del grado cultural y de las ganas de dar un “plus” para que cada uno de los integrantes de la empresa, puedan identificarse como responsables socialmente. Y es que para que esto suceda, uno mismo tiene que adoptar esta singularidad: ser responsable.

Antes de nada, como la persona individual, la empresa tiene un espacio que ocupa dentro de la sociedad y que, cada uno de sus actos, la obligan a llevarse de la mejor manera con sus semejantes. Pero, la empresa es un conjunto de semejantes dentro de ella, es una micro sociedad, especial, específica. Y, para que pueda interrelacionarse en la sociedad, tiene que hacer que su interior esté fortalecido.

La RSE busca precisamente esto. Fortalecer todos los lazos al interior de la empresa, buscar el desarrollo de estrategias para incentivar una mejor salud y seguridad de los trabajadores; atraer a los mejores trabajadores, pero no sólo para que trabajen bien (y generen mayores ganancias a la empresa), sino que participen como personas en el desarrollo de la misma, con sus valores, códigos de ética y de conducta, etc. Lograr una mayor inclusión social; motivar a que exista un aprendizaje permanente dentro de ella; adecuarse a los cambios que suceden todos los días en el mundo, no encasillarse en modelos antiguos y nefastos para el trabajador, colaborador y la empresa misma. Y, sobre todo, lograr un “intorno” amigable y consecuente con el cuidado del medio ambiente. ¿Cómo se hace esto? Pues, organizando y ordenando cada uno de los procesos que existen en cada empresa: desde utilizando racionalmente la cantidad de papel que se usa para imprimir, hasta el hecho de apagar los equipos electrónicos y desenchufándolos a fin de evitar un desgaste innecesario de energía (lo que se traduce en pérdidas económicas, que a la larga, pueden ser sustanciales para la empresa), etc., etc., etc...

Pueden hacerse muchas cosas para que nuestro “intorno” empresarial sea responsable socialmente; ¿En su empresa lo hacen? ¿Cómo? ¿Quieren empezar a ser RSE desde el “intorno”?

Les dejo una frase para que reflexionemos:

“El principal producto de la empresa son las personas.
Una empresa debe ser –por encima de todo-
Una fábrica de personas”
(Aarón Morales Flores. “En Blanco y Negro”. Cita 216)


domingo, 6 de abril de 2014

Responsabilidad Social Empresarial: ¡Para principiantes… como yo! 2

Estaba leyendo algunos artículos sobre Responsabilidad Social Empresarial (RSE) para continuar con lo dejado en la entrada anterior, pero siento que antes de aclarar dudas y de encontrar respuestas, éstas han crecido, casi, de manera exponencial. Obvio, hay muchas más preguntas.

En dicha entrada, indicaba que la RSE buscaba mejorar las relaciones de las empresas con sus entornos (y su mundo interno, o “intorno” como diría mi profesor de la universidad) y que implicaba una obligación a cumplir; pues, en la realidad, no he podido allanar el camino para entender bien en concreto lo que realmente esto es (o puede ser).

En el caso del cumplimiento de las normas de convivencia, podemos indicar que una empresa, como ente ideal (persona jurídica) está obligada a acatarlas y cumplirlas; pero, ¿De qué manera? Y, sobre todo, ¿Ante qué, quién o quiénes?

No olvidemos, que las normas de convivencia social, posibilitan que, justamente una sociedad y sus miembros, puedan tener la libertad de ser y hacer pero respetando al otro y a las instituciones que la conforman.  Mis amigos colegas, dirán que estoy definiendo al Derecho, y la verdad es que no es otra cosa más que eso.

Ahora bien, y teniendo en cuenta lo afirmado en el párrafo anterior, si hablamos de Responsabilidad Social Empresarial no nos enfocamos sólo en el Derecho, sino en el sentido de cómo las empresas van a contribuir con el mejoramiento de la sociedad en su conjunto, para que su posición en dicha sociedad, sea vista como importante; para que sus objetivos como empresa, sean compatibles con los objetivos de la sociedad misma.

La RSE va mucho más allá del Derecho (y de las normas, leyes, reglamentos, etc.), pero se configura y participa en una triple dimensión dentro de la sociedad.

En el siguiente post, hablaremos justamente de estas dimensiones y de los elementos que una empresa con RSE tiene para cumplir con el objetivo de mejorar las relaciones con su entorno y de contribuir con mejorar a la sociedad.

Espero y podamos aclarar las dudas y responder las preguntas que todavía requieren de una respuesta inmediata.

martes, 1 de abril de 2014

Responsabilidad Social Empresarial: Para principiantes…

La posibilidad de que tengamos una Política de Responsabilidad Social en una empresa cualquiera, depende mucho de la voluntad de sus integrantes y sobre todo, de las actitudes que asuman en la realización del trabajo que se realice.

Estuve conversando con algunos amigos de las zonas rurales en las que trabajo, y tocamos el tema de la responsabilidad social que deben tener las empresas; y, me parece, que ellos esperan algo fundamental y sencillo: apoyo básico y visible por parte de la empresa. Pero, esto no es tan sencillo como parece, ya que, si bien la RSE busca mejorar una relación de una empresa con su entorno y su mundo interno, a través de diversos mecanismos, el entorno espera mucho más que una “cara y/o palabras bonitas”.

En todo caso, ¿Qué es la Responsabilidad Social Empresarial? El diccionario de la RAE, define responsabilidad como: “2) Cargo u obligación moral…; 3) Deuda, obligación de reparar y satisfacer…; y, 4) Capacidad existente en todo sujeto activo de derecho para reconocer y aceptar las consecuencias de un hecho realizado libremente…” Y si esto lo sumamos al factor social, podemos decir que la Responsabilidad Social es una carga moral, una obligación moral, una deuda u obligación de reparar o satisfacer que todos los integrantes de una sociedad tiene con cada uno de ellos.

Si nos enfocamos en el ámbito empresarial, ¿a qué nos referimos con esa carga u obligación moral? ¿Qué deuda u obligación se debe reparar?, o es que ¿nos deberíamos referir a las formas, maneras, tipos de relación que las empresas tienen con otras empresas con las que se relacionan y con la sociedad en general? ¿O es que nos referimos al cumplimiento de todas las normas de convivencia social?

Definitivamente que, si nos centramos a lo indicado por nuestros amigos, de requerir un apoyo básico y visible, y reducir la responsabilidad social empresarial sólo a eso, vamos a hablar de labores de beneficencia, nada más.

Con esto empiezo.

En la siguiente entrada, trataremos de responder las preguntas que nos aclararán, poco a poco, a qué nos referimos cuando hablamos de la Responsabilidad Social Empresarial.