viernes, 23 de mayo de 2014

Responsabilidad Social Empresarial: ¡Para principiantes… como yo! Parte 4

Los Relacionistas Comunitarios que son abogados (comentando el debate)

Hace aproximadamente poco más de un mes, haciendo uso de mi cuenta en LinkedIn, lancé una simple pregunta en un grupo del que formo parte. La pregunta era: “… ¿Cuántos abogados nos hemos convertido en Relacionistas Comunitarios?”

Claro, esta pregunta surgió cuando alguien me saludó por el Día de los Abogados, en el Perú.
No me imaginé la cantidad de respuestas, ni menos sus contenidos. Así que voy a tratar de comentar algunos, no sin antes agradecer a cada uno de los amigos que se tomaron el tiempo de pensar, reflexionar y “responder” a esta breve y simple pregunta.

Nota previa: cabe indicar que a la fecha, nadie respondió la pregunta, es decir, nadie calculó, o se arriesgó a dar un número aproximado de abogados que se han (o que nos hemos) convertido en relacionistas comunitarios. Seguimos con la incertidumbre.

Empecemos:

Preocupante realidad: “…los abogados en esencia son litigantes …”
En realidad sí, es cierto. En la universidad nos forman para ser litigantes, toda nuestra formación gira en torno a un sistema judicial eminentemente conflictivo y adicto al litigio. Pero, como suelo decir, “abogado que no litiga, no es abogado, salvo prueba en contrario”[1]; y, es en esto último, en el cual basamos nuestra posterior formación para hacer del derecho, o de la profesión del derecho, una poderosa herramienta para el mejoramiento de las relaciones sociales en el país. Conste que he escrito, de las RELACIONES SOCIALES DEL PAÍS.

Luego de una reunión en
Pan de Azúcar - Catilluc
Sin embargo, a pesar de todo, “estamos cambiando la profesión”. La idea no es que seamos sólo abogados, sino que seamos LOS abogados que le estamos dando un nuevo dinamismo a la carrera, en un ámbito laboral que es común a todos los profesionales, pero que tiene un matiz diferente. No sólo estamos cambiando a la profesión, sino que le estamos dando un nuevo sentido: evitar conflictos, evitar litigios, y formar una cultura tolerante y basada en el diálogo; en hacer que en la solución de un problema social, o socio ambiental (como mejor quisieran llamarlo), no hayan perdedores.
Enrique Huarancca, sobre lo escrito, da en el clavo: “El abogado de ahora tienen una innovación en su actitud el derecho, son más conciliadores y negociadores”, y nuestro amigo Juan Andrés sube un nivel más y añade que los conocimientos adquiridos del Derecho, son “un valor agregado” a la labor del Relacionista Comunitario.

Cuestión de Ciudadanía. “Sin embargo, el desarrollo sostenible sólo es posible si se mantiene una relación sostenible… Estoy seguro que todos podemos hacer algo por el prójimo no como una obligación sino como una opción natural de un ciudadano responsable”

Previo estudio de suelos y de
necesidades,
aquí estamos haciendo entrega de
semillas para pastos.
Quilcate - Llapa.
Marco Balcázar, en una de sus intervenciones nos propone dos ideas muy importantes. El desarrollo sostenible viene siendo uno de nuestros principales mensajes hacia nuestras áreas de influencia. El tema es cuánto de nuestras acciones se dirigen justamente a participar de este desarrollo; el tema es saber si en realidad participamos de un proceso que ya se ha iniciado y cómo es que generamos los espacios y los lugares para insertarnos en él; y en este lado, puedo comprender, es que aparece el término ciudadanía.

Como dice Marco, parte de una opción natural por hacer algo que sea de beneficio al prójimo. Y esto tiene base en que vivimos en un mismo espacio, ya hemos empezado a formar parte de las relaciones sociales que se dan en las comunidades en las que operamos. Pero, lo más principal, estas comunidades tienen muchas expectativas, las que debemos conocerlas, todas, de tal manera que podamos ser prudentes en nuestro accionar y en la generación de mecanismos sociales para
que el deseo de compartir tenga un correlato con la responsabilidad que significa ser ciudadanos.

¡Es una cuestión de actitud!
De hecho. Todos, en cada uno de nuestros comentarios en el debate que se inició, hemos dicho que para ser un buen relacionista comunitario, debemos tener una actitud para hacerlo. Y los hemos dicho de manera directa y hasta indirecta, pero la idea está allí.

Añadiría un adjetivo, debemos tener una actitud “especial” ya que nuestro mundo en el que vivimos todos los días, es muy diferente al que nos hemos acostumbrado desde que hemos nacido (hablo específicamente por los citadinos que nos hemos vuelto campesinos, si es que este término cabe), o del mundo educativo en el que nos hemos formado.


De todo corazón, quiero agradecerles amigos por haber compartido sus comentarios y estoy seguro que seguiremos conversando sobre el tema; sobre todo, fortaleciendo nuestra principal “fortaleza”, el que seamos Relacionistas Comunitarios.



[1] Sarita Terán escribe: “No litigo, porque no me gusta”. Y me parece un motivo más que suficiente para aclarar que no todo abogado es un abogado litigante; y, Catherine Rodríguez va más allá y dice: “Hay un error de apreciación al sesgar al abogado como sólo litigante o "hacer juicios", esa es una parte de la profesión, quizá la que más se conoce, la del pleito. El abogado se prepara para mucho más que eso, es una profesión que requiere de un conocimiento mayor y requiere de habilidades de negociación, persuasión, administración, condiciones de liderazgo, etc., por tanto no todo estudiante o egresado de leyes será un verdadero abogado. Muchos se quedarán en el área del litigio o el pleito. Hoy en día (el abogado) es quien previene el conflicto, los avizora, reconoce contingencias, etc. conoce técnicas de negociación, etc. que por ello le permite desenvolverse en áreas como las Relaciones Comunitarias. Como cualquier profesional con vocación de servicio, con voluntad de vivir mejor, con conocimiento de la realidad e informado” (sic)




domingo, 4 de mayo de 2014

Responsabilidad Social Empresarial: ¡Para principiantes… como yo!  Parte 3

Dimensión Interna de la RSE.

Esta dimensión interna, trata especialmente a la mismísima empresa en si como objeto y sujeto de las normas que regulan la RSE. Desde el ambiente de trabajo, pasando por las relaciones laborales y las obligaciones legales que las regulan, hasta el cuidado de la seguridad y la salud de cada uno de los trabajadores. Esto, sin embargo, requiere de una fuerte dosis de voluntad y sobre todo, de querer hacer las cosas bien.
Muchos amigos indican que esto no va a suceder nunca en el país; y de hecho, no hay muestras que nos puedan considerar que esto definitivamente suceda, pero parte mucho del grado cultural y de las ganas de dar un “plus” para que cada uno de los integrantes de la empresa, puedan identificarse como responsables socialmente. Y es que para que esto suceda, uno mismo tiene que adoptar esta singularidad: ser responsable.

Antes de nada, como la persona individual, la empresa tiene un espacio que ocupa dentro de la sociedad y que, cada uno de sus actos, la obligan a llevarse de la mejor manera con sus semejantes. Pero, la empresa es un conjunto de semejantes dentro de ella, es una micro sociedad, especial, específica. Y, para que pueda interrelacionarse en la sociedad, tiene que hacer que su interior esté fortalecido.

La RSE busca precisamente esto. Fortalecer todos los lazos al interior de la empresa, buscar el desarrollo de estrategias para incentivar una mejor salud y seguridad de los trabajadores; atraer a los mejores trabajadores, pero no sólo para que trabajen bien (y generen mayores ganancias a la empresa), sino que participen como personas en el desarrollo de la misma, con sus valores, códigos de ética y de conducta, etc. Lograr una mayor inclusión social; motivar a que exista un aprendizaje permanente dentro de ella; adecuarse a los cambios que suceden todos los días en el mundo, no encasillarse en modelos antiguos y nefastos para el trabajador, colaborador y la empresa misma. Y, sobre todo, lograr un “intorno” amigable y consecuente con el cuidado del medio ambiente. ¿Cómo se hace esto? Pues, organizando y ordenando cada uno de los procesos que existen en cada empresa: desde utilizando racionalmente la cantidad de papel que se usa para imprimir, hasta el hecho de apagar los equipos electrónicos y desenchufándolos a fin de evitar un desgaste innecesario de energía (lo que se traduce en pérdidas económicas, que a la larga, pueden ser sustanciales para la empresa), etc., etc., etc...

Pueden hacerse muchas cosas para que nuestro “intorno” empresarial sea responsable socialmente; ¿En su empresa lo hacen? ¿Cómo? ¿Quieren empezar a ser RSE desde el “intorno”?

Les dejo una frase para que reflexionemos:

“El principal producto de la empresa son las personas.
Una empresa debe ser –por encima de todo-
Una fábrica de personas”
(Aarón Morales Flores. “En Blanco y Negro”. Cita 216)